CORTÁZAR. COMPÁS AL CORAZÓN

Cortázar, niño eterno de ojos enormes, como enorme lo fue su imaginación. Cronopio despierto, siempre más confortable en su música que en las reglas literarias, narrativa, sueño fantástico de su entorno. París, Buenos Aires, dos alientos de una misma boca que se entrelazan como Horacio y la Maga en su inigualable Rayuela. ¿Sientes cuando te ronda el alma más grande que ha existido, que con sus sortilegios, palabras y piernas larguísimas te alcanza para no soltarte jamás? “Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja…..” Fragmento del capítulo 7 de Rayuela